La huella de Godayol pervive 

Joan Salicrú

El salesiano catalán Joan Godayol, partidario de la Teología de la Liberación, tuvo que dejar el 2006 el cargo como obispo de la prelatura de Ayaviri, en el Perú, por motivos de salud. El Episcopado local, de tendencia ultraconservadora, aprovechó su marcha para situar en la depauperada región del Sur Andino otro obispo de su cuerda. Con todo, el gran éxito de Godayol es haber conseguido formar un grupo capaz de seguir su trabajo después de él, manteniendo así la corriente de solidaridad que des de hace unos quince años une Cataluña con Ayaviri. Este es su mejor legado.   

 

Plaza de Armas –centro neurálgico- de Ayaviri, capital de la Prelatura peruana que lleva el mismo nombre y de la cual Godayol fue obispo de 1992 a 2006. A pocos metros de la puerta de la iglesia de San Francisco de Asís, que hace las veces de catedral, un cura vestido con sotana riñe un grupo de feligreses que pintan “el mural del pueblo”. Se trata de una cartelera donde escribir buenos deseos de cara al futuro o simplemente dejar una dedicatoria. El citado cura les acusa de herejía y les exige la retirada inmediata de la pancarta. Los feligreses obedecen sin entender exactamente cual es el problema. Al cabo de unos instantes, el excolaborador de Godayol Luis Humberto Béjar, conocido como Padre Lucho, sale del templo. Al cruzarse con el cura vestido a la antigua, lo evita con la mirada, aunque él si lo saluda. Se acerca a los parroquianos que elaboraban el “mural del pueblo” y estos le cuentan la discusión con el cura conservador. Para confortarlos les da su bendición así como la de “monseñor Godayol”, como se le conoce aquí. Poco rato después, el Padre Lucho visita a escondidas el preseminario de la población, donde él daba clase y tenía una participación muy activa. Al entrar en la capilla, se lleva las manos a la cabeza: “Me lo cambiaron todo. Lo habíamos diseñado con motivos andinos, como lo hacen acá, y estos hijos de su madre lo dejaron irreconocible!”, grita exaltado mientras repasa la sala de arriba abajo.       

 

Es una escena cazada al vuelo pero que ilustra con meridiana claridad la situación que se vive en el sí de la Iglesia peruana, donde tiene lugar una lucha encarnizada. En un sector, como de costumbre, los sectores más conservadores de Iglesia, ya no solo del Opus Dei sino movimientos aún más retrógrados como Sodalicio de Vida Cristiana, al cual pertenece el sucesor de Godayol en Ayaviri, Kay Martin. En el otro, los sacerdotes enmarcados en la Teología de la Liberación, que sitúa los pobres en el centro de su mirada y se pregunta por las causas de esta pobreza, compartiendo si hace falta las luchas sociales y políticas de los movimientos populares. Estos acusan los primeros de “dictadores” mientras los conservadores menosprecian los otros tildándoles de “marxistas”. Es la clásica batalla intereclesial que tiene lugar en el continente desde hace décadas, pero que se ha intensificado últimamente debido a la posición central que tiene América del Sud en el catolicismo mundial pues es el principal granero de almas católicas para el siglo XXI.      

 

“Los sectores más conservadores entienden que los obispos y curas alineados con la Teología de la Liberación acaban dedicándose sólo al ámbito social y olvidándose de Dios”, afirma Manuel Díaz Mateos, extremeño que vive en Perú des de hace 52 años. El otro punto de conflicto es debido a la excesiva –entienden unos- laxitud con qué el sector progresista adapta los ritos de la Iglesia Católica a las culturas autóctonas, en esto caso quechua y aymara: “Ellos llaman a esto una herejía. Por qué sino retiraron los tejidos quechuas de las paredes de la iglesia del preseminario?”, se pregunta Joaquín Montserrat, fundador de la ONG Amics del Bisbe Godayol con sede en Mataró (Barcelona), de donde el salesiano es originario. De todas formas, el propio Godayol ha explicado que en el transcurso de la última visita ad limina con Juan Pablo II, el pontífice dio por buenas sus explicaciones acerca de la inculturación de la Iglesia en el territorio: “Le dije que si esto ya les va bien no tenemos porqué cambiarlo”. Ya se sabe que siempre hay quien quiere ser más papista que el Papa. 

 

La marcha de Godayol de Ayaviri, tres años atrás, hay que situarla en este contexto. No es que el salesiano catalán fuera expulsado del Perú sino que la Conferencia Episcopal Peruana denegó su solicitud de ser destinado a un obispado de la zona costera del país cuando los problemas de salud que le aquejaban –los cuatro mil metros del Altiplano pasan factura- hicieron necesario que pidiera el relevo. Por este motivo Godayol decidió emprender el viaje de regreso a su tierra, Cataluña. Su salida, como podía imaginarse, conllevó un proceso traumático en toda la comunidad que había a su alrededor, a lo cual hay que sumar el rechazo mayoritario hacia el nuevo obispo, Kay Martín, que tomó posesión del cargo el 23 de abril de 2006.     

 

Pero Godayol ya había previsto este escenario mucho tiempo atrás y por eso durante los catorce años de su mandato conreó laboriosamente el terreno de los laicos: los atendió, los animó, los formó y los situó en la cabeza de distintas áreas clave del obispado. Finalizado su periodo de gobierno, estos mismos laicos se han organizado de forma autónoma, vulnerando si hacía falta los límites de las estructuras eclesiales para mantener los proyectos impulsados por el obispo catalán, los cuales el nuevo responsable pastoral ha liquidado en la medida de lo posible. Son iniciativas de carácter social que financiaba casi en exclusiva la asociación Amics del Bisbe Godayol.

 

A partir de 2006, el contacto entre la entidad y la Prelatura quedó reducido a zero porque los nuevos responsables pastorales decidieron romper todo lazo con la época Godayol. El único contacto que los representantes de la ONG catalana han mantenido con las nuevas autoridades tuvo lugar en junio de aquel año, pocas semanas después de la toma de posesión del nuevo obispo. Joaquim Montserrat y Antoni Castellví acudían a aquella cita sabiendo que, muy probablemente, sería la primera y última vez que se encontrarían cara a cara con Kay Martín. Además Abraham Contreras, secretario general de Caritas en Perú, les acababa de anunciar que el nuevo obispo había decidido suspender el programa de microcréditos instituido por Godayol, que funcionaba modélicamente. Era una primera señal. Ya en el palacio episcopal, los visitantes advirtieron otros reveladores detalles: “Hasta aquel momento entrábamos allá como si estuviéramos en nuestra casa; aquel día nos hicieron esperar”, rememora Joaquim Montserrat. Finalmente Kay Martín los recibió con su guardia pretoriana, aún más dura y visceral. Los primeros comentarios del obispo, no obstante, les sorprendieron: “Fue correcto. Hasta nos agradeció el trabajo que habíamos hecho para la Prelatura. Pero en seguida se despachó a gusto con el obispo Joan, diciendo que no había hecho nada por Ayaviri”. Cuando los catalanes plantearon como podía seguir colaborando la asociación Amics del Bisbe Godayol con la Prelatura, un colaborador del nuevo Obispo sugirió que estos continuasen su cometido pero cambiando el nombre, evitando hacer referencia a Godayol, idea rechazada por el propio Kay Martín. El momento crucial de la conversación era confirmar si la decisión de dar marcha atrás con el proyecto de los microcréditos era cierta. Si lo hacía, el nuevo pastor tendría que devolver los 18.000 dólares que la entidad catalana Caixa Laietana había avanzado. Kay Martín asintió y los catalanes le reclamaron el dinero. Sus colaboradores reaccionaron airadamente, pero el obispo entendió que la mejor forma de sacarme de encima aquellos incitadores sociales venidos de Cataluña era hacer lo que le pedían. Justo antes que Montserrat y Castellví tomasen el vuelo de regreso a casa les hicieron llegar el dinero. La reunión de los catalanes con las nuevas autoridades terminó con una bendición que los catalanes recibieron como una jarra de agua fría: para Kay Martin la historia de amor entre Mataró y Ayaviri era cosa del pasado y el legado de Godayol una cuestión a extinguir poco a poco. Esta fue al menos la impresión que se llevaron. Sin embargo, a preguntas de este reportero, el servicio de prensa de la Prelatura alaba ahora el trabajo hecho por Godayol y destaca “su preocupación para los más necesitados y pobres, que se tradujo con la creación de la casa-albergue per a niños Sonko Wasi, el orfanato casa Canaa, la casa pera gente mayor Sareqta Wasi así como la Granja Don Bosco, la llegada a la Prelatura de las hijas de María Auxiliadora y la finalización del seminario mayor de Chucuito. Se le recuerda como un pastor muy próximo a sus fieles”.

 

En aquel momento, tanto a los Amics del Bisbe Godayol como los antiguos colaboradores del obispo catalán se les planteó una disyuntiva. Los primeros se preguntaban si tenía sentido seguir trabajando en la zona ahora que el salesiano había vuelto a Cataluña y además teniendo en cuenta que el nuevo obispo, elegantemente, les daba la espalda. Los otros no veían de qué forma podía articularse para poder seguir recibiendo la ayuda de aquellos que se habían convertido en sus principales valedores. “No tenía ni idea de cómo podríamos seguir el trabajo de monseñor Joan, pero lo cierto es que lo conseguimos”, explica el Padre Lucho, quien presidiría la asociación civil llamada Musuq Yllary (“Nuevo amanecer”, en quechua) en la cual se juntarían los excolaboradores de Godayol. De esta forma, los Amics del Bisbe Godayol tendrían una nueva contraparte con quien seguir trabajando. El Ayuntamiento de Mataró, que contribuyó en distintos proyectos en la zona, dio el visto bueno a la nueva fórmula de trabajo y animó a seguir con su cometido los miembros de la entidad solidaria: “Teníamos muy claro que aunque Godayol hubiera vuelto a Cataluña no era de recibo dejar todos los proyectos con los qué ya estábamos comprometidos”, recuerda el regidor de Cooperación Carlos Fernàndez.

 

Aquella operación ya dio sus primeros frutos. En octubre de 2008 una delegación de Mataró inauguró dos residencias para menores en Juliaca y Ollachea, pensada para los jóvenes que no pueden ir y volver de su casa cada día porque a veces se encuentra a horas y horas de camino. Actualmente se trabaja ya en la construcción de una tercera residencia, exclusivamente para mujeres, también en Juliaca, que no está en la Prelatura de Ayaviri pero si es el centro estudiantil más próximo. Además Musuq Yllary ha abierto un café en Cusco y un alberge en la selva del Manu, en Madre de Dios, para recabar el dinero necesario para sustentar las tres residencias que habrá en poco tiempo funcionando de la mano de la asociación.  

 

Como era de esperar, el nuevo obispo de Ayaviri no se quedó quieto al ver como los excolaboradores de Godayol se habían reorganizado. Al quedar claro que estos no rendirían pleitesía al nuevo responsable pastoral, Kay Martín empezó una auténtica caza de brujas hacia todos el círculo de Godayol. Por ejemplo con el mismo Padre Lucho, el cual protagonizó un duro enfrentamiento dialéctico con el nuncio episcopal Rino Passigato el día de la toma de posesión del sustituto de Godayol en la sacristía del templo. Por aquella conversación Lucho, que entonces era el responsable del preseminario de la Prelatura, tiene abierto un expediente en Roma. El nuevo obispo de Ayaviri ha hecho todo lo posible para que este cura de origen argentino no pudiera encontrar refugio en ningún otro obispado peruano: “En toda la zona sud del Perú los hermanos laicos y religiosos hemos ido sintiendo el acorralamiento, presión y violación de los derechos fundamentales como la libertad de expresión, la tortura del seguimiento, la imposición de legalismos farisaicos y la expulsión directa o por presión”, asegura el Padre Lucho vía correo electrónico.    

 

Otra persona que ha sufrido en carne propia este asedio es Leónidas Gutiérrez, que el 2006, cuando era rector de la localidad de Sandia, colgó los hábitos para casarse. Kay Martin lo juzgó escandaloso y le pidió que desapareciera literalmente de la Prelatura, mandato que él incumplió. Actualmente es el responsable de la Casa de Acogida para menores de Ollachea, que regenta Musuq Yllary. Tambien el rector de esa población, Elmer, ha recibido la reprimenda del obispo por colaborar con la entidad: aunque es cura de su diócesis ha dejado de mandarle su sueldo y sobrevive como puede. “La consigna es desterrarnos o enterrarnos, anularnos, desacreditarnos”, reafirma el Padre Lucho.

 

Poco a poco pues el nuevo obispo intentó sacarse de encima, silenciar y criminalizar los excolaboradores de Godayol, que no daban su brazo a torcer. Además, Kay Martin ha hecho del culto a la personalidad un elemento cotidiano, implantando una serie de costumbres extrañas a los ojos de una mayoría de ayavirenses. “La secretaria del obispo nos dijo que cada anochecer hacen misa y sus colaboradores están obligados a arrodillarse y besarle las manos”, cuenta Joaquim Montserrat, fundador de la ONG catalana. Otras prácticas habituales son no dar la comunión al pueblo ateniendo a la no coincidencia –muchas veces- de las estructuras familiares de los feligreses con lo que marca la Iglesia Católica: “Comulga el obispo y ya está. Esta gente está obsesionada con las formas y con el poder”, advierte el jesuita español Manuel Díaz. “Yo creo que lo que hacen es anticristiano, practican una teología de la persecución”, asegura el Padre Lucho. Joaquim Montserrat no quiere hacer juicios maniqueos pero si habla de “personas mejores y peores. En este caso, muy peores”.

 

Esta visión choca de frente con lo qué, según los responsables de comunicación de la Prelatura, son las prioridades del nuevo obispo: “Atender pastoralmente con nuevas comunidades religiosas y nuevos sacerdotes la totalidad de las parroquias de la Prelatura [en casi tres años han empezado su ministerio once curas], intentar conseguir más vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada, cuidar de la liturgia y la vida sacramental de los laicos y tener una atención especial a la familia y los jóvenes, con la creación del primer colegio parroquial en la historia de la Prelatura, la San Francisco de Asís, en la misma ciudad de Ayaviri”. La única mención al ámbito social es “dar apoyo a los proyectos de promoción humana que se coordinan des de Caritas Ayaviri” así como una referencia genérica a “continuar y consolidar la preocupación social y solidaria para aligerar las condiciones de pobreza y elevar la dignidad vital de los más necesitados”.

 

2008: los cambios se consolidan

La visita de la delegación de Mataró para inaugurar las dos nuevas residencias estudiantiles permitió también constatar como el nuevo responsable de la Prelatura había solidificado los cambios que se vislumbraban dos años atrás. Kay Martin se había hecho construir un nuevo palacio episcopal y había despedido al hasta entonces rector de la parroquia de Ayaviri, emplazada en el mismo templo que la catedral: nadie tenía que hacerle sombra. Los Amics del Bisbe de Mataró pudieron comprobar cómo algunas de las iniciativas más exitosas de Godayol habían caído en saco roto, por ejemplo la granja Pichacani, que el nuevo obispo había asegurado que sería mucho más rentable. Des de la Prelatura, con todo, se contradice la tesis de los catalanes y se asegura que la granja, junto con otra llamada Wajrani, ha sido potenciada y en tres años ha aumentado cinco veces su número de cabezas de ganado: “Se siguen haciendo mejoras agrícolas, de ganado y productivas, habiéndose incrementado notablemente la producción de queso, que a día de hoy se vende también fuera de la región”, se subraya des de instancias oficiales.  

 

La delegación capitaneada por Joaquim Montserrat pudo auscultar también el estado de ánimo de los antiguos feligreses de Godayol; la mayoría de sus caras eran un poema. Una de sus más estrechas colaboradoras, Maria Cama, detallaba que el nuevo obispo ha intentando ganarse en repetidas ocasiones su amistad pero que no se ha salido con la suya porqué la forma en qué Godayol se marchó de la Prelatura la dejó demasiado tocada emocionalmente como para poder confiar en su sucesor. “No hay mala relación, pero yo con él y los suyos no quiero tener nada que ver”, admitía.

 

Aun así, el recuerdo de Godayol seguía bien presente en Ayaviri y toda la zona, donde solo citar su nombre provoca gran alegría. Así, el ejemplo de Musuq Yllary se ha demostrado un éxito y hoy existen, según un recuento del Padre Lucho, unas sesenta iniciativas como la de sus excolaboradores, lo que significa una escisión de facto entre una Iglesia oficial conservadora y una Iglesia alternativa progresista. La pugna está, por lo tanto, más abierta que nunca.

 

Después de pasar casi cuarenta años en el Perú como profesor y posteriormente como obispo, Joan Godayol está ahora vinculado al templo del Sagrado Corazón de Jesús del Tibidabo, en Barcelona. Des de esta magnífica atalaya, en lo alto de la capital catalana, sueña en contagiar los jóvenes catalanes de la alegría y la joya con qué vivió su ministerio en la Prelatura de Ayaviri. El tiempo dirá si es capaz. Lo que es seguro es que, en el Perú, Godayol dejó huella. Y de qué forma.

 

El Sodalicio, más a la derecha que el Opus Dei

Sodalicio de la Vida Cristiana es una sociedad de vida apostólica aprobada por el Papa Juan Pablo II en 1997, situada a la derecha del Opus Dei, que pretende convertirse en la Iglesia de la elite minoritaria blanca, europea y urbana del Perú. Aunque des de su página web se asegura que los principios inspiradores del movimiento son los del Concilio Vaticano II, se acusa a sus miembros de comportamientos sectarios y de usar sofisticadas técnicas psicológicas para incorporar a la causa los chicos en la etapa de la pubertad. El movimiento se ha especializado en la construcción de cementerios, un negocio muy próspero en Perú debido al gran culto a los muertos que se practica en el país. También hay rumores de conexiones con los grupos mineros que explotan la riqueza natural peruana. El interés por la cuestión monetaria queda confirmado porque los miembros del Sodalicio no hacen el voto de pobreza típico de las órdenes religiosas.

 

Un personaje clave para entender la evolución y el desarrollo de Sodalicio en el Perú es el polémico cardenal de Lima, Juan Luís Cipriani, que actualmente es vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal del país. Fue el propio Cripriani quien ordenó obispo de Ayaviri a Kay Martin el 23 de abril de hace tres años. Se lo vincula muy claramente con el régimen de Albert Fujimori, que gobernó el país con mano de hierro entre 1990 y el 2000 y se duda de su credibilidad democrática: en el año 2000, en las polémicas elecciones que enfrontaban Fujimori y el aspirante Toledo, rechazó la supervisión del Centro Carter para favorecer el primero. También se ha expresado a favor de la pena de muerte contra Abimael Guzmán, líder de la guerrilla Sendero Luminoso, detenido en 1992. Ni los propios intelectuales de la derecha blanca del país, el representante más emblemático de los cuales es el escritor Mario Vargas Llosa, lo defienden. El jesuita extremeño Manuel Díaz Mateos no duda en cualificarlo como “déspota”. Por su parte, Joaquim Montserrat, dels Amics del Bisbe Godayol, cree que Cipriani “bebe del anticomunismo obsesivo que cultivó el Papa Juan Pablo II debido a su experiencia personal”.

 

El origen de la Teología de la Liberación, en Perú

Por qué una lucha tan al rojo vivo en Perú entre las facciones conservadora y progresista de la Iglesia? Pues porque aunque los representantes más conocidos de la Teología de la Liberación son Leonardo Boff, Pere Casaldàliga, los jesuitas Sobrino y los hermanos Cardenal, Hélder Câmara… quien en realidad formuló ese movimiento en 1973 en el libro Historia, Política y Salvación de una Teología de la Liberación fue el entonces jesuita peruano Gustavo Gutiérrez. Eso explica que la victoria de unos o otros en el país de los incas tenga una significación especial en esta pugna de ámbito mundial. Una lucha que los sectores conservadores han ido ganando sobretodo des de 1999 en la zona sur del Perú, el llamado “Sur andino”.

 

El sustituto de Godayol

Kay Martín Schmalhausen Panizo nació en  Lima el 1964 y pasó su infancia en Alemania. Al volver al Perú prosiguió sus estudios en el Colegio Alexander von Humboldt, también en la capital. Después de discernir su vocación, en febrero de 1983 ingresó en una comunidad del Sodalicio de Vida Cristiana, movimiento para el cual hizo profesión perpetua en 1989. El 16 de diciembre de aquel mismo año fue ordenado sacerdote. Después de “cantar misa”, Kay Martín ha sido cura y asistente espiritual del Movimiento de Vida Cristiana en la Diócesis del Callao, así como director de la oficina de comunicaciones del Obispado del Callao. Como obispo de Ayaviri, Kay Martin es responsable de una Prelatura que en 2008 celebró su cincuenta aniversario y que cuenta con 180.000 habitantes, con un 98 por ciento de católicos.